¿Porqué el pueblo de México permitió el despojo de su petróleo después de la legendaria expropiación de 1938 encabezada por Lázaro Cárdenas?

Imagen: Sin Embargo

Columna: La Bola de Cristal

En México existe una leyenda política sobre el papel que jugó el General Lázaro Cárdenas del Río durante su sexenio (1934-1940) como presidente de la República. Destaca el reparto agrario que impulsó el gobierno cardenista para cumplir con la promesa de la repartición de tierras establecida en la revolución y en la Constitución Política de 1917. Sin embargo, la expropiación petrolera del 18 de marzo de 1938 es recordada en la memoria colectiva del país como el acto de mayor relevancia para la economía nacional donde el gobierno de México demostró tener las agallas de defender los derechos laborales de los trabajadores petroleros, pero, sobre todo, la capacidad de confrontar a las grandes potencias y al imperio del capital para defender el proyecto basado en la soberanía nacional.

En las escuelas de todo el país se conmemoraba el 18 de marzo el gran legado político y social que fue denominado como el “milagro económico mexicano” donde el pueblo tuvo la capacidad de respaldar la decisión presidencial de Lázaro Cárdenas para sentar las bases del desarrollo exigidas por los gremios obreros y campesinos. La creación de PEMEX fue parte estratégica para sentar los cimientos del país para financiar la construcción de las instituciones públicas de salud, educación y diversas instituciones civiles.

México es lo que es hoy gracias al legado revolucionario establecido durante la evolución del régimen político que ha cambiado según las circunstancias sociales del país. Sin embargo, la nacionalización del petróleo significó un antes y un después en la historia nacional. 

Cárdenas logró una movilización sin precedentes en el pueblo de México, mismos que se abarrotaron en el Palacio de Bellas Artes para aportar lo que podían para financiar la expropiación petrolera aclamada por universitarios, obreros y en general en la sociedad es visto como un logro político sin precedentes.

Privatización de la actividad petrolera en México 

Durante el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012) se impulsó el primer intento privatizador de los recursos energéticos de la nación. Sin embargo, la coyuntura política permitió mantener intacto el artículo 27 constitucional. La realidad es que desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) se comenzó el desmantelamiento de PEMEX en cuatro subsidiarias y finalmente durante el sexenio presente de Enrique Peña Nieto se modificaron los artículos 25 y 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para abrir la puerta a los capitales en todas las actividades que anteriormente eran facultad exclusiva del Estado.

México hoy tiene la relación más extrema entre el nivel de ingresos y el costo de los combustibles. Además, para lograr la despetrolización de las finanzas públicas se impuso un impuesto (IEPS) del 42% a cada litro de gasolina, esto con el objetivo de lograr una recaudación fiscal capaz de sustituir los ingresos obtenidos anteriormente por la exportación del crudo que durante décadas representó el 40% de los ingresos brutos del Estado. En síntesis, el gobierno de Peña Nieto entregó la soberanía energética a manos privadas y extranjeras, pero para lograrlo impuso impuestos en el diesel y en las gasolinas para sustituir dichos ingresos.

El aumento radical en los precios de los combustibles han disparado la inflación de todos los productos y servicios que de manera directa o indirecta están relacionados con el transporte. En ese sentido, según datos oficiales México presenta la inflación más alta en 18 años y por ende la perdida más grande en el poder adquisitivo del peso mexicano. De igual forma el gas LP se encuentra en sus precios máximos históricos, cuando una de las principales promesas de la mal llamada reforma energética fue que el gas y la luz bajarían de precio derivado de la competitividad. 

El pueblo de México ha sido despojado de su soberanía energética y al mismo tiempo le han impuesto nuevos cobros fiscales para seguir manteniendo el costoso y faraónico aparato gubernamental que paga la burocracia más costosa del mundo, acompañada con más de la mitad de la población mexicana en situación de pobreza. En ese sentido, el único aspirante presidencial que ha sido capaz de plantear la nacionalización de la industria petrolera es Carlos Mimenza, un empresario del estado de Quintana Roo que ha levantado la voz por los recursos energéticos de la nación. Ni el popular pre-candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador ha sido capaz de hacer un planteamiento serio sobre la reforma energética y la necesidad de recuperar el control del Estado sobre el petróleo y la minería. 

Los mexicanos han sido despojados de su legendaria expropiación petrolera y cambio les han dejado un país petrolero que importa gasolina en beneficio de unos cuantos miembros de la clase política.

Esta historia continuará…