En 2 años Carlos Joaquín colapsó la seguridad pública de Quintana Roo y ahora apela a la politización de la violencia a petición de Capella

LNR.– El estado de Quintana Roo afronta su peor crisis de seguridad pública desde cualquier óptica, desde la cifras duras hasta la percepción social en la entidad. El inicio de de la administración de Carlos Joaquín ha estado marcada por el abismo de violencia e inseguridad que afecta a la población más allá del narcotráfico, es el crimen organizado el que se ha apoderado de la entidad.

Recientemente Carlos Joaquín anunció un cambio en su estrategia de seguridad pública a través de un decálogo discursivo basado en la implementación del mando único coordinado a nivel estatal por Alberto Capella (@kpya en twitter).

Sin embargo, desde la llegada de Alberto Capella a la Secretaría de Seguridad Pública de Quintana Roo -importado desde Morelos por Graco Ramírez-, el único cambio ha sido en el aspecto mediático.

La llegada de Alberto Capella al Gabiente de Carlos Joaquín se percibe más como la llegada de un estratega de comunicación política en un escenario de violencia creciente en el estado de Quintana Roo, más allá de percibirse como un líder policíaco impulsando la coordinación interinstitucional o como un innovador de la inteligencia e investigación policíaca.

El desenvolvimiento de Capella va desde los medios digitales en su formato de guerra sucia en contra de su principal detractora hacia el mando único, la presidenta municipal de Solidaridad Laura Beristain, la morenista ha apelado a la autonomía municipal para encabezar la estrategia de seguridad pública en Playa del Carmen, en coordinación directa con Alfonso Durazo y los delegados de las fuerzas federales, navales y militares ante el impávido papel del gobierno estatal de Carlos Joaquín González.

De igual forma, Alberto Capella utilizó el noticiero matutino de Carlos Loret de Mola para politizar la violencia en el estado de Quintana Roo e impulsar mediáticamente el proyecto de mando único a nivel estatal, misma que ya opera en Cancún con pésimos resultados.

La llegada de Capella al gabinete de seguridad pública ha estado marcada por la masacre del 6 de enero en el bar Las Virginias, en la ciudad de Playa del Carmen, el cual dejó siete personas muertas y el reciente ataque similar en el centro nocturno La Kuka.

Con la llegada de Capella, desafortunadamente ha empeorado la grave situación de los feminicidios, la aparición de narco-mantas y las mencionadas matanzas colectivas en modalidad de emboscada.

El comienzo de la administración joaquinista en el ocaso del año 2016 desató en Cancún y en Playa del Carmen “una nueva guerra entre carteles de narcotráfico y bandas locales” para controlar el tráfico de drogas en la región según una investigación de la cadena británica BBC.

Sin embargo, el narcotráfico siempre ha existido como actividad ilegal, pero el gran problema no es el narco-menudeo, sino la proliferación de la violencia hacia la sociedad por parte de grupos del crimen organizado que no forman parte de los carteles de Sinaloa, Zetas, del Golfo y Jalisco Nueva Generación (CJNG).

En síntesis el gran problema de Cancún y de Quintana Roo en general es el mayor índice de crimen en las calles y no el narcotráfico. El robo a casa habitación, los secuestros, las extorsiones, los asesinatos de empresarios y toda la gama de delitos que han deteriorado la calidad de vida en la entidad. Todo esto se detonó en la presente administración de Carlos Joaquín González a pesar de que quiera eximirse de esta responsabilidad culpando la corrupción de Roberto Borge. La realidad es que ni con Borge se vivió un escenario tan crítico en Quintana Roo.