Eterno Amor, dedicado a toda la vegetación

 

Columna de Cuentos del Camaleón

Eterno Amor, dedicado a toda la vegetación

Al menos estoy satisfecho de haber crecido y haber vivido toda mi vida en este lugar con tanto espacio; desde que fui pequeño, tuve la creencia de desarrollarme en algún sitio alto como casi todos los de mi especie, sin embargo, no sé cómo agradecerle a la vida haberte conocido.

Quiero platicarte, que algún día tus padres me crearon y me alimentaron de Amor, como el que desbordaban ellos en cada instante, bailaron a mi alrededor, escuché tantos poemas y vi tantas caricias, mientras yo seguía creciendo en esta formidable historia.

Ocho años después naciste tú, te habías vuelto el orgullo de todos, recuerdo que tomaron decenas de fotografías a mi lado y yo nunca dejé de sonreír, porque me gustaba ser tomado en cuenta y que tu jugaras conmigo, que cuando el sol estaba en su máximo esplendor, buscaras refugio en mí, para que te protegiese y, asimismo, te arrullaba con la paz que te daba, dormías en mis brazos durante horas.

Realmente no sé si he tenido suerte o ha sido el destino, porque para ser sinceros, como sufrí esos tres meses, cuando aprobaron el proyecto del centro comercial más grande de la República Mexicana; ahora, ya transcurrido algún tiempo de ese desdichado momento y la inefable acción de ustedes para conmigo de conservar ese amor, me hace sentir cada vez más importante.

Observé como crecías, te vi brincar y correr, con tanto entusiasmo que todas las mañanas, tiraba parte de mí, para que tú lo recogieras durante más de quince años.

Recuerdo claramente el día que llegaste llorando y diciendo que nadie te comprendía, que, porque tu cuerpo ahora tenía cambios que no te gustaban, ese día me golpeaste hasta el cansancio, al otro día, despertaste y seguiste recogiendo lo que yo te daba, y en aquella ocasión que te sentaste junto a mi pidiéndole al cielo que se te cumpliera tu deseo, de andar con aquel chico de tu clase en la universidad.

¿Cuándo creciste tan rápido?, tus padres ya envejecieron y tú ya eres una gran mujer, que todas las mañanas veo a través de tu ventana, como van pasando las primaveras y los otoños sobre nosotros.

Como se me va a olvidar, el día que con ternura escribiste tu nombre en mi cuerpo, aún sigue marcado como un tatuaje el nombre de Ana, que nada, ni nadie ha podido borrar, ni las lluvias, ni el aire, y mucho menos el odio; tu aroma persiste desde lo más adentro de mis raíces, no se ha escapado de mi alma y de mi corazón las risas, la alegría, los abrazos, y ahora con dolor, no me explico porque tus hijos arquitectos quieren matarme, ¿acaso no fui tu amigo y de tu familia?, quizá se te olvidaron todos esos instantes en los que recogías mis hojas que tiraba para que tu jugaras a la casita, Por qué me haces esto?, por lo menos déjame ver como crecen tus dos lindos hijos que se parecen tanto a ti, yo entiendo que quieren construir y ampliar la casa, pero acaso ¿yo no soy parte de la familia y de esta hogar?

A CADA RAMA DE CADA ÁRBOL DESTRUIDO EN NUESTROS PARQUES LOCALES, HASTA LLEGAR A LOS CHIMALAPAS, A LA SELVA LACANDONA, QUE NOSOTROS LOS HIJOS DE ESTA TIERRA, HEMOS DESTRUIDO.

 

 

Imagen: infomistico