El descarado cinismo del dinosaurio ya muerto

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Columna: Más allá de la palabra por Emilio Pellicer 
La elección que hemos vivido en Estado de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz, y en la que se jugaron trescientos veinte ocho puestos de elección popular (Tres gubernaturas, doscientas setenta alcaldías en tres entidades y cincuenta cinco diputaciones locales en dos estados), es además de una clara muestra de las mecánicas que son propias del Partido Revolucionario Institucional y de varios de los partidos políticos en nuestro país, desde una perspectiva histórica amplia y habitual, que además sabe adaptarse a las nuevas formas que impone la actualidad.

 

Me refiero a que si en el pasado el PRI y su “mágico” presidencialismo, usaron tácticas sucias bien adecuadas a los métodos de conteo y de la tecnología de ese entonces, hoy día la maquinaria de ese poder se ha adaptado a las nuevas tecnologías y aunque pareciera que lo ha hecho sin errores, deberemos recordar dos factores importantes y que además la historia en el mundo dibuja y expone de manera contundente.

 

Primeramente afirmar que lo que antes era una elección de estado, contaba con la ignorancia del ciudadano por falta de herramientas y armas para estar bien enterado, bien informado y con una avalancha de medios de comunicación todos, o casi todos, rehenes y vendidos al sistema, y algunos otros que eran el sistema. Hoy ya no es tan sencillo; los medios de comunicación ciudadana son muchos ,y los que desde algunas empresas emergen, son ahora más libres y además conscientes de una filosofía que parte precisamente de la idea incluyente que es la raíz básica de la palabra democracia, que proviene del griego que combina dos vocablos; demos (Pueblo) y Kratós (Poder y Gobierno).

 

Imagen: Explica.mx

Y pareciera si nos quedamos con la idea que el sistema en el poder pretende imponer como regla, que nada ha cambiado y que siguen siendo dueños de cómo se mide, se vota y se ejerce el derecho a ello; continúan con el acarreo de votantes mediante dádivas de asistencialismo, el robo y compra de credenciales de elector, y lo peor, el trabajo descarado en las campañas, de personajes centrales en la escena, como el propio Presidente de la república, a favor de los candidatos que provienen del PRI.
 

Pasemos al siguiente punto; la tecnología y su poder no son ya del sistema solamente, porque ahora somos muchos ciudadanos y ciudadanas los que podemos acceder a esa, y desde ahí ser la parte medular del medio de comunicación. Si bien la verdadera red social existe desde siempre, es una de boca en boca y un asunto presencial que en el pasado se pretendió apagar con medios como la televisión o la radio, que servían solo a los emisores y no a los receptores, y que veían a estos últimos como meros espectadores sin posibilidad de interactuar, hoy la tecnología que usaban como arma para engañar, mentir y fijar su mensaje como uno absoluto, les ha dado la espalda, y parece que aún no se dan cuenta.

 

Las redes sociales y el internet son si se usan bien, como cada vez sucede con mayor frecuencia, aunque falta trabajar en ello, y esa es tarea del propio ciudadano, y de quienes desde esta informamos y analizamos, una fuerza invencible y certera, y un arma para que lo que antes nos hizo ciegos y sordos, acríticos e inactivos, nos mueva y empodere para romper con un sistema que sigue pretendiendo apagarnos, escondernos y clonarnos en la fila de quienes ni sabemos de nosotros, ni somos el verdadero actor principal. La clase política, el partido en el poder y todo en entarimado a su alrededor y servicio, se equivocan y ante ello no tienen argumento para frenar lo que es una realidad ya viva y que crece.

 

¿Por qué señalo todo esto, y por qué lo hago ahora? La respuesta me parece sencilla y lo explicaré así, aunque la alegoría parezca lejana a nuestros tiempos; los dinosaurios ya no están aquí, hace mucho que dejaron de existir, si acaso podemos encontrar en los muesos, algunos huesos que los arman, y en algunas zonas hallazgos que en la tierra o en la piedra dibujan su pasada existencia. Se dice también que el cerebro de los dinosaurios era pequeño, y así fue. Hoy es importante decirlo claramente; ni el cinismo, ni el descaro del partido en el poder y de buen número de los actores e institutos políticos que se dicen críticos y que sirven al primero, llámense oposición o vigilantes electorales, tienen en sus manos la herramienta que ciega o hace espectadores pasivos a los ciudadanos; el arma que creyeron era también suya, es la misma que los juzga, los vigila y fiscaliza, y nosotros quienes la usamos para mostrar la realidad exacta.

 

Nadie o muy pocos creemos hoy en la farsa que se ha visto en estas cuatro elecciones, sobre todo en la del Estado de México, ni tampoco en la “conveniente” detención del ex gobernador Roberto Borge Angulo, justo en momentos en que se hace prescindible para la maquinaria priista, e imprescindible para intentar desviar la atención hacia el tema principal que nos debe importar; la elección de hoy no trata de los hombres y mujeres que contendieron como candidatos, ni de los partidos que formaron parte del show, si no, de ganar mayores espacios en la carrera hacia la federal de 2018, y por ello es importante que usemos los medios que tenemos para hacer valer nuestra palabra y liderazgo; quienes nos gobiernan son dinosaurios que no quieren darse cuenta que ya no existen, ni tienen una voz convincente, su cerebro es más pequeño que el de sus antecesores prehistóricos que supieron morir a tiempo, pero su cinismo y descaro no tiene límites.

 

La noticia no es tampoco la detención de Borge Angulo, ni los medios que la propaguen para distraer son los informantes únicos, porque el verdadero emisor es hoy también el que antes solo fue receptor de mensajes manipulados.

 

Y si, las redes sociales, su uso con inteligencia y para informar y analizar como práctica incluyente y crítica, nos convierte a los ciudadanos en el medio, en el mensaje y en la voz autorizada y con conocimiento para ser los cazadores conscientes de las estrategias del enemigo, ese dinosaurio moribundo que es la clase en el poder. México no es más de quienes hasta hace poco relativamente instituían la verdad desde sus sillas y en charlas de pequeños comités; somos los ciudadanos quienes estamos confiscando a los “dueños” de nuestro país, un derecho que no es suyo aunque sigan pretendiéndolo; la corrupción, la simulación y la memoria ya no es del dinosaurio, si no, de nosotros, y quienes hoy gobiernan nos deben entregar cuentas o ser sustituidos; la elección de hoy es un error de cálculo, de inteligencia y de estrategia, y los hechos así lo demuestran, si no desmiéntanme; los dinosaurios se extinguieron hace mucho tiempo.

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