Dos “ilustres” cozumeleños

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Imagen: Noticaribe

Columna: Xláj-opinari: Xláj, del maya (de modesta calidad) y opinari, del latín (opinión)

La fotografía nos muestra camisas de 575 dólares, zapatos de 900 dólares, pantalones de 850 billetes verdes, relojes de decenas de miles de dólares, el celular más nuevo y las miradas de dos cómplices discutiendo la siguiente “marranada” que preparaban contra el pueblo quintanarroense. Un día cualquiera en la vida de estos dos delincuentes, los más bandidos nacidos jamás en Cozumel.

Imagen: Noticaribe

La gente de Guamuchil, Sinaloa se siente orgullosa de que Pedro Infante haya visto la primera luz por esos lares. Los de Tlacotalpan, en Veracruz, presumen que Agustín Lara, el “Flaco de Oro” es su paisano.

Los cozumeleños se jactaban, hasta hace poco, de que la llamada “Isla de las Golondrinas” ha sido la cuna de cinco gobernadores (dos nacieron en Mérida, pero sus raíces son isleñas). Hasta hace poco. Hoy es un estigma dicho gentilicio.

Uno preso en Panamá. A otro le llueven las acusaciones. A ese mismo se le trata de vincular a cualquier querella que pudiera llevarlo a la cárcel, lugar que merece quien se burló de todos, hasta de su pupilo Beto.

Perverso, taimado, hipócrita o tracalero, son adjetivos que califican de manera perfecta a este auténtico sátrapa, palabra con que el diccionario define  de forma despectiva a la “persona que abusa de su autoridad o poder para conseguir lo que desea”, a cualquier precio.

Cada vez les quedan menos “amigos”. Sus perfiles en redes sociales son evitados como a la peste y silenciosamente son eliminados de las listas de contactos de muchos de los usuarios. “De los parientes, Félix, Beto y el sol, mientras más lejos mejor”, es el refrán favorito en toda la geografía estatal.

Sus cuentas bancarias en paraísos fiscales, las inversiones millonarias, los lujosos apartamentos y el resto del botín acumulado, están ahora expuestos a los rapaces funcionarios del “Gobierno del Cambio” que, al verles caídos en desgracia, se han dedicado a extorsionarles para demorar la acción de la justicia en su contra, o imputarles delitos menores que los pondrían en libertad antes de que alcancemos a celebrar algo los quintanarroenses; las verdaderas víctimas de esos dos “ilustres” cozumeleños, son los quintanarroenses.

 

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