¡Su Majestad, Roger Federer!

Xláj opinari deportivo

Imagen: gallery – Tenis World

Entró a No, 1 Court con paso firme, decidido. Al hombro cargaba su equipamiento mientras repartía tímidas sonrisas, algo típico en él. A pesar de los incontables logros en su exitosa carrera, continúa siendo un hombre cabal y sencillo.

Los 11,360 asientos estaban ocupados y muchos de los espectadores miraban en dirección al pasillo por donde entran los jugadores. El ambiente era festivo, aunque un halo de nostalgia flotaba sobre los asistentes. Cada partido que juegue Roger Federer en esta edición de Wimbledon 2017, podría ser el último del que participe Su Majestad, del torneo que hizo suyo.

El retiro llegará y para los que gustan del deporte, no es cosa pequeña. El tiempo es inexorable. La historia nos cuenta del último “swing” de “Babe” Ruth, los últimos minutos de O´Rei Pelé, miles de veces hemos visto el último enceste de Michael Jordan, las lágrimas de Phelps al salir de la alberca en su última Olimpiada y algún día el fútbol perderá la magia de Messi.

Pero lo de Federer, que casual impuso tres nuevos records en su partido de ayer, tiene un sabor especial. Londres lo vio llegar muy joven e imponer su exquisito revés de derecha y elegancia en el lejano 1999 y ahí mismo lo coronó rey del torneo, aunque cayó en la primera ronda. El público no lo sabía, pero ya lo había adoptado como el más grande en la historia, del más importante torneo del circuito. A partir de su primera corona en 2003 lo glorificó.

Son esas primeras del mes de julio, dos semanas grandes del año para el tenis. El glamour, la elegancia, la cortesía de los ingleses, el clima, todo se conjuga para hacer de este torneo, El Torneo. Y el nacido en Basilea en parte integral de esa magia. Ocho títulos ganados y todos en finales cargadas de plasticidad deportiva y cierto dramatismo.

Con sus 35 años, juega con la misma pasión que hace 10 años y que hace 14 años cuando se convirtió en campeón por vez primera. Y la gente que sabe que el final se acerca, disfruta de cada saque, cada volea, cada uno de sus elegantes reveses temiendo que sea el último.

 

 

 

.