Nuevamente Trump se lanza contra su fiscal general con nuevas descalificaciones

El presidente Donald Trump se declara “muy decepcionado” con Jeff Sessions. “Veremos qué pasa, el tiempo dirá”, afirma

Imagen: CNN

LNR.- El daño colateral no es una preocupación de Donald Trump que quiere a toda costa recuperar el control de la investigación de la trama rusa y la mira está puesta sobre su fiscal general, Jeff Sessions. Según información de “El País”.

En un accionar sin antecedentes, el Presidente y sus portavoces no cesan de descalificar, desde hace una semana, al hombre que, tras declinar del caso, dejó de ser agradable al mandatario. La presión está al máximo y el futuro del responsable del Departamento de Justicia pende de un hilo. “Estoy muy decepcionado con el fiscal general. Veremos qué pasa. El tiempo dirá”, advirtió el Presidente.

 

Los involucrados en la telenovela rusa han ido cayendo uno tras otro. El primero fue Michael Flynn el consejero de Seguridad Nacional. Tras solamente 24 días en el cargo, tuvo que tirar la toalla al hacerse público que había mentido sobre sus conversaciones con el embajador ruso Sergéi Kislyak en Washington. Al mismo embajador le ha tocado. Este sábado, tras nueve años de destino, fue retirado de su puesto por el Presidente ruso Vladímir Putin.  Ahora todas las flechas apuntan hacia Sessions.

El martes (25 de julio) por la mañana, Trump manifestó su molestia con la acostumbrada tormenta de tuits. En esta ocasión en particular, fue por la actitud de Sessions ante el caso de los correos electrónicos de Hillary Clinton y las filtraciones de los servicios de inteligencia. El Presidente calificó de “muy débil” la posición del fiscal, al tiempo que se quejaba de que no hubiese investigado los supuestos “esfuerzos ucranianos” para sabotear su campaña electoral.

En la tarde, en conferencia de prensa, se declaró “muy decepcionado” con Sessions. “No tendría que haber declinado, y cuando lo fue a hacer, me lo tendría que haber dicho previamente y yo habría elegido a otro para el puesto”, comentó Trump, repitiendo lo dicho el miércoles pasado en una entrevista con The New York Times.

Los mensajes en twitter reavivaron las especulaciones sobre su destitución. Desde hace una semana, en base diaria al fiscal le llegue una andanada de la Casa Blanca. El pasado lunes el Presidente tuiteó que Sessions vivía “asediado”. Y el fin de semana, rompiendo otra de sus promesas, la de no tocar a su rival demócrata, se quejó amargamente de que no se investigase con el mismo ahínco los correos de Clinton, que la trama rusa.

Ante este fuego amigo, el fiscal Sessions se ha mantenido en segundo plano. Cuando hace dos meses emergieron las primeras desavenencias, se supo que había ofrecido su dimisión que fuera rechazada por Trump. Pero en aquel momento se trataba tras bambalinas el problema. Ahora, es público y creciente, hasta el punto de que la prensa ya especula con nombres de sustitutos, como el antiguo fiscal y alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, quien para enredar aún más la madeja ha defendido la postura de Sessions.

El fiscal general declinó el caso el pasado marzo cuando se hiciera público que durante sus audiencias de confirmación, había ocultado al Senado dos encuentros con el embajador ruso. Las críticas, incluidas las republicanas, subieron tanto de tono que, como responsable del Departamento de Justicia y del FBI, optó por declinar el caso para evitar la contaminación de las investigaciones en curso.

Las audiencias fueron asumidas por el fiscal adjunto Rod Rosenstein, un funcionario de mínimo perfil político que, ante la abrupta destitución del director del FBI, decidió delegar la investigación de la trama rusa en un fiscal especial. Dicha medida, destinada a blindar el caso de la injerencia presidencial, fue adoptada sin consultarse a la Casa Blanca.

La delegación del caso recayó además en Robert Mueller, una de las leyendas vivas del FBI, agencia que dirigió tanto con George W. Bush como con Barack Obama. Bajo su férula, la investigación ha ido aumentando el campo de acción. Al principio, las pesquisas se centraban en la posible interacción del entorno de Trump con el Kremlin durante la campaña desatada contra Clinton en las elecciones, ahora cubren el cuerpo entero en el perímetro financiero del presidente y su entorno.

Con el caso fuera de control, el nerviosismo de la Casa Blanca ha ido in crescendo. Sin atreverse aun a dar el paso de la destitución, que implicaría un enorme escándalo político, Trump se ha lanzado a librar una guerra de desgaste con su fiscal general. A ese ataque se han sumado los portavoces que no paran de repetir la desilusión que siente el mandatario con quien fuera su amigo y seguidor de primera hora. Sessions está en la cuerda floja.