La cobardía de los representantes mexicanos en la renegociación del TLCAN

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Imagen: Foreign Affairs
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Columna: Bola de Cristal

De verdad que da pena ajena la forma servil en que los negociadores mexicanos del TLCAN hablan del asunto ante los medios. Ante todo, guardan las formas y dan declaraciones mesuradas, esto a pesar de la continua andanada de improperios que lanza por todos los medios, el presidente Trump en contra de sus socios comerciales.

Como una auténtica lección de civismo y coraje debe tomarse la postura del Primer Ministro canadiense Justin Trudeau, que puso el pecho a las balas y declaró tajante que su país se saldrá del Tratado, si la parte norteamericana insiste en suspender el Capítulo 19 relacionado con el “Sistema de Resolución de Controversias.

Por su parte el señor Trump, fiel a su discurso populista, declaró desde Ohio con sus grandilocuentes frases que: permanecerán en el TLC sólo si su Gobierno logra un “gran acuerdo” con México y Canadá. “Ya no seremos el pueblo estúpido al que le sacan ventaja terriblemente”.

La necesidad de mantener la relación comercial con los dos países de Norteamérica se entiende y se acepta a regañadientes, principalmente por la animadversión que sentimos contra los “gringos”.

De ese lado, son varios los Estados de la Unión Americana cuya economía está intrínsecamente ligada al comercio con México; suspender el intercambio comercial afectaría fuertemente a muchos ciudadanos de ese país y el costo político no querrá pagarlo el Partido Republicano. Trump puede irse, pero el Partido se queda y no va a pagar el precio de la retórica de su Presidente.

Donald Trump es un tipo taimado y sabe que esa declaración es bien recibida en lugares como Ohio, pero ese discurso no lo diría ante los granjeros de Kansas, cuya industria lechera y granjera depende del mercado mexicano y clama además por la mano de obra que la política de migración del presidente ha ahuyentado y, por ende, encarecido.

En ambos lados de la frontera se habla de la conveniencia de mantener la relación comercial, pero pareciera que los negociadores mexicanos se sienten más cómodos al adoptar una posición servil, soslayando el hecho de que, para la economía de ellos, sería catastrófico derogar el acuerdo. Los tres países requerimos mantener el Tratado, adecuarlo si, pero con beneficio tripartita.

En ese contexto, la posición oficial del gobierno mexicano debe ir en el orden de mantener un órgano rector que intervenga en las controversias, temas de antidumping y las cuotas de producción. No hacerlo, sería una jugarreta más de los “vende patrias” que solamente se preocupan por ellos y no por el bienestar ciudadano.

Peña Nieto debe estar consciente de que el país se les cae a pedazos entre casos de gobernadores corruptos e incontables casos de cohecho y peculado, por lo que, una mala decisión en Comercio Exterior en la negociación sería entregarle el juego de llaves de “Los Pinos” a López Obrador.

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