Imagen: Screen shoot

LNR.-El oligopolio de las corporaciones farmacéuticas acumulan un inmenso poder financiero y político en el mundo, mismo que el activista Michael Laufer busca combatir.  Este autodenominado anarquista experto en física de partículas se ha propuesto enseñar a los pacientes a elaborar sus propias medicamentos.

Para ello, Michael Laufer capitanea el proyecto ‘Four Thieves Vinnegar‘, un colectivo anti-sistema que se ha propuesto combatir los problemas de acceso a los medicamentos de los pacientes que carecen de seguro medico, y han decidido hacerlo por la vía más directa, la del “hágalo usted mismo”. “Hemos diseñado un reactor de laboratorio automatizado de código abierto, que se puede construir con piezas de uso corriente y puede configurarse para sintetizar diferentes medicamentos. Esto salvará cientos de miles de vidas”, aseguran en su página web, en la que también explican detalladamente cuál es su misión y aceptan donativos según información de la cadena rusa RT. 

En el siguiente vídeo se puede observar el método para elaborar su propio dispositivo auto-inyector de epinefrina, por un precio aproximado de 30 dólares (cuando el precio en el mercado de uno de estos artefactos puede rondar los 300 euros). El uso habitual de este dispositivo es para el tratamiento de reacción alérgica aguda para evitar o detener el shock anafiláctico.

Las soluciones médicas que presentan estos jóvenes son de carácter rudimentario y doméstico, sin embargo un reportaje publicado en la web ‘Statnews‘ recoge las interesantes declaraciones de un profesor de la Oregon Health and Science University llamado Vinay Prasad, al que presentan como alguien que “no es amigo de la industria farmacológica”. Este profesor opina en cualquier caso que es “temerario” enseñar a los pacientes a manufacturar químicamente sus propios medicamentos. Su interpretación sobre este fenómeno se resume en dos lúcidas nociones: “Son medidas desesperadas para tiempos desesperados“, dice en relación al precio de los medicamentos, frecuentemente abusivo, frente a la situación de pobreza de muchos pacientes necesitados, y añade que Michael Laufer y su colectivo son “un síntoma más de la enfermedad, y la enfermedad es el precio de los medicamentos“.

Por su parte Laufer considera que impedir el acceso de los medicamentos a los pacientes en peligro de muerte constituye un “asesinato” y por lo tanto, los juicios morales sobre su conducta o las implicaciones legales le parecen considerablemente menos graves.

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