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LNR.- De los 2 millones y medio de niños que trabajan en este país, casi el 90% realizan actividades económicas prohibidas, de acuerdo a un estudio del INEGI. De esos 2.2 millones de niños que realizan actividades no permitidas, el 60% de ellos realizan actividades que comprometen su salud. Eso se traduce en más de un millón de niños que no sólo no deberían estar trabajando sino que además lo hacen en algún empleo que va a perjudicar su salud en mayor o menor grado.

De esos mismos 2.2 millones de niños, un 40% no cumple con la edad mínima requerida para trabajar. Por desgracia, los datos ofrecidos por el INEGI solo escalan el espanto: de los infantes que trabajan se sabe que más del 42% no recibe un ingreso por su trabajo.

El trabajo infantil, aún lejos de ser controlado y suprimido.

A esto hay que añadir que en promedio los niños y jóvenes que trabajan, el 36% dedica al empleo más de 35 horas a las semana, cuando en México está prohibido que dediquen al trabajo más de 6 horas al día; esto es 30 horas a la semana. (Vía: El Universal)

Acaso lo que más indigna a muchos sobre el trabajo infantil es la nula voluntad de las autoridades para impedir que los niños trabajen. Por estas fechas no faltan los comunicados y las proclamas donde se asegura ningún niño tendrá que trabajar, menos si es más de 6 horas al día, menos aún si es sin remuneración.

Para muestra un botón: hace unos días el gobierno de la Ciudad de México anunció que pondría en marcha un programa para evitar que los infantes trabajen en cruceros, desde la informalidad y el peligro. La propuesta consiste en “dialogar con los padres” para que permitan que sus hijos se trasladen a un centro de atención mientras los padres trabajan. En dichos centros se atendería, cuidaría y alimentaria a los niños. (Vía: El Sol de México)

Aunque la idea en sí tiene un grado aceptable de sensatez, nadie pede asegurar que (inserte ayes) los padres o tutores querrán colaborar; tampoco nadie puede asegurar que el programa social no será utilizado para hacer una “limpia de clase” en la ciudad”; eso suponiendo que aquellos niños cuentan con familia. El programa que empezará en 280 cruceros de la ciudad, podría extenderse a otros puntos, de cumplir su cometido.

A los infantes (del latín “sin voz”) muchas veces se les obliga a fingir ser adultos, como las niñas que participan en concursos de belleza o los niños que declaman proclamas políticas, como el chico de Quintana Roo que se hizo famoso por denunciar a Borge dese la tribuna.

¿Será que llegue el día en que los niños se dediquen a ser sólo niños?

Fuente: Plumas Atómicas

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