Imagen: Screen shoot Youtube

Columna: La Bola de Cristal

La destitución de Santiago Nieto al frente de la Fiscalía especializada para delitos electorales (FEPADE) se manifiesta como un abierto movimiento totalitario del régimen político dirigido por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) a través de Elías Beltrán, el actual encargado de despacho de la Procuraduría General de la República (PGR) después de la renuncia de Raúl Cervantes.

Fue en cuestión de horas para que se develaran las intenciones de Enrique Peña Nieto por remover a Santiago Nieto sin ninguna justificación jurídica a través de su empleado Elías Beltrán, quien no dudo en poner en tela de juicio su papel como procurador y evidenciarse abiertamente como un ejecutor de las órdenes del presidente sin apego a derecho.

El proceso electoral federal rumbo al 2018 ha comenzado y está completamente viciado de inicio. Tanto el Instituto Nacional Electoral dirigido por Lorenzo Córdova como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación se han mostrado omisos ante la abierta decisión totalitaria de remover a Santiago Nieto que había desarrollado un papel relativamente bueno al frente de la Fepade.

Es imperante que Santiago Nieto regrese a la Fepade y que el Senado cumpla su papel parlamentario y actúe apegado al estado de derecho para que el proceso electoral se desarrolle con instituciones ajenas al poder presidencial, ya que la evidente afrenta entre Santiago Nieto y el grupo Atlacomulco detonó una crisis cuando decidió hacer pública la presión a la que estaba siendo sometido por parte de Emilio Lozoya Austin, personaje del grupo compacto de Peña Nieto y ex titular de Petróleos Mexicano ligado al caso de corrupción con la empresa brasileña Odebrecht que presuntamente habría dado recursos para financiar la campaña del PRI en 2012.

El escándalo es mayor y las instituciones electorales se encuentran bajo una gran presión de la “dictadura perfecta” que regresó a buscar perpetuarse como lo hizo sexenios anteriores hasta que se logró la instauración del IFE durante el sexenio de Ernesto Zedillo que permitió la alternancia política con la llegada de Vicente Fox. Sin embargo la situación institucional actual nos hace una regresión anterior a los años noventa cuando los organismos electorales dependían del estado y las caídas del sistema eran argumentos válidos para perpetuarse en el poder, esta es la situación actual y es imperante que la sociedad recupere la autonomía de las instituciones, que si bien no era plena, había garantías mayores que las existen hoy.

 

 

 

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