Columna: el Camaleón

Felicidad en los puertos de nuestro país

Recuerdo aquel día, del cierto mes, del 2014, cuando llegaban los buzos y se subían al navío de 26 pies, también llamada lancha tiburonera, eran aproximadamente las 8:00 am y el movimiento de instructores, capitanes, marineros, pescadores, proveedores de tanques de oxigeno, los bidones de gasolina que suben y bajan de las camionetas, a lo lejos los gritos del ¡órale “joeputa”, ya vámonos, ya son las 8 pelaná!

Todo ese movimiento humano, que calla por cuatro horas y que regresa, pero cambia la situación con los dólares en la bolsa y que hace olvidar momentáneamente, el desinterés de las autoridades; mientras algunos intercambian los tanques, otros se reparten el pescado y los primerizos, son mandados por las caguamas para una tarde larga, de cada día del año, en esta marina de coco beach.

Imagen: Grupo Sipse

Si no fuese por ese color del mar hermoso, ese que inspira a nadar, a correr por sus playas, el que levanta a cualquiera de su depresión, la vida marina sería diferente, porque durante muchos años, casi cinco décadas, las autoridades, los hoteleros y clubs, en total ilegalidad, construyeron sus propios  muelles de madera, con sus barreras de costal, deformando el oleaje natural y por ende comiéndose el mar a las playas desprotegidas, convirtieron a coco beach en un espacio apocalíptico, totalmente devorado por sus aguas, el sargazo por doquiera, que hace ver una ilusión óptica, de las embarcaciones varadas en tierra.

Los turistas preguntaban estupefactos, ¿disculpe, la marina de coco bay o beach, donde se encuentra? y con vergüenza responden, que están parados en ella. Ellos, los turistas, que viajan ilusorios de nadar con el tiburón toro, de conocer los arrecifes, de gastar sus euros y dólares en actividades que reservan desde su país, con imágenes que ven por internet, estas imágenes incomparablemente bellas de la inexistente  infraestructura de Playa del Carmen, se quedan boquiabiertos de no encontrar una marina decente, una que tenga un muelle, con sus muertos asignados, en donde puedas caminar y disfrutar de subirte al barco,  como la que hay en puerto aventuras, en donde vive María Cristina Torres y varios ex funcionarios, quienes son dueños de yates y una marina impecable, llena de lujos, incluso en donde encarcelan a los delfines y manatís para el gusto del humano irracional.

Sí, en este lugar llamado marina del Municipio de Solidaridad, han venido candidatos a la presidencia, a la gubernatura, como Carlos Joaquín González, que en el lapso de tiempo de transición, entre su sonado triunfo en las elecciones y su toma de protesta, aparecieron decenas de embarcaciones sin matrícula, operando al más puro estilo borgista, mientras que las compañías legalmente establecidas, eran voces enmudecidas por una capitanía que se lavaba las manos.

En el marco de la recuperación del control de la Marina sobre las 103 capitanías del país, para levantarlas del atraso administrativo y operativo que duró por más de 40 años.

Para la gente que se dedica al mar, este es un sueño guajiro, que la marina logre controlar y poner fin a los abusos de las diferentes instancias gubernamentales que en teoría siempre existieron, pero en la práctica fueron un fantasma.

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