Emilio Pellicer

Más allá de la palabra/Emilio Pellicer Larrea
12 May 2017

 

Mireles, la libertad más amplia

La del Doctor José Manuel Mireles, es una libertad esperada, añorada por un gran número de ciudadanos en México y el mundo. La resolución emitida el día de ayer por un juez federal, y que permitirá al ex dirigente de las autodefensas de Michoacán y desde ese entonces también líder moral de causas ciudadanas y populares en México, es entonces una celebración para muchos, incluso para un buen número de aquellos que aunque no coinciden con sus ideas, actuación y formas de luchar, saben o intuyen que su aprehensión el veintisiete de junio de 2014 por autoridades federales, fue injusta, jurídicamente improcedente y por razones políticas, más que de incumplimiento del pacto que el grupo que lideraba en los municipios de Tierra Caliente de ese estado, hizo con las autoridades federales, para deponer las armas a menos que se convirtieran en parte de la Fuerza Rural de la Policía, o por el delito de portación ilegal de armas de uso exclusivo del ejercito. La mayoría ve en la orden para proceder a su salida próxima de prisión, misma que ya es oficial, y que le permitirá desde su hogar y estado, del que no podrá salir por ahora, continuar el proceso penal que se le sigue, una victoria y el inicio de la anhelada libertad para Mireles.

Y en efecto hay motivos para ello. Sin embargo la fiesta de la libertad tiene siempre varias maneras de verse y de asumirse, elegirse y ejercerse, y también varios tiempos y lugares en la mirada y acción de cada hombre y ser humano; paradójicamente hay para quienes la libertad posee una simbología de estructura sistémica; somos los menos libres en la extensión más amplia del término; no concebimos el ejercicio libre si se nos encierra, perdemos la cordura más sabia y extraviamos el objetivo o la tarea de vivir asumiendo el hecho como una oportunidad para vibrar en el concierto de abrir ahí con mayor convicción aún, el canal  más importante del mensaje que llevamos en el alma y que pertenece y es pasión de todos; la libertad como eje solidario y digno en donde y como quiera que sea.

Existen también los otros, los verdaderamente libres siempre, los que asumen el riesgo de la defensa de causas solidarias y justas, como uno que implica la posibilidad de las cadenas, las rejas, la reclusión, como parte de una variedad de opciones que aunque no deseables, son parte de un juego en el que conocen de qué lado del territorio están su tierra, su mundo y su sueño. El Doctor Mireles es uno de ellos; él no me lo ha dicho a mi, pero intuyo y afirmo que desde su sino, los casi tres años de reclusión en dos penales (Primero en Sonora y después en Nayarit), nunca le privaron de la libertad más amplia; él siempre se supo libre y seguramente entendió que el paso por gran parte del territorio mexicano, cuando lo llevaron hasta un penal en Hermosillo Sonora, en donde lo encerraron, era también un aviso silencioso, pero claro, una declaración frontal de que la voz llevada consigo transcurría cada paso por la amplia zona que es México, dejando en su viaje una semilla de árbol que creció y dio fruto desde antes, durante y después de ese trayecto, y que se regó en todo el país y más allá; la libertad más amplia tiene hogar y bandera en todo sitio, porque conoce su causa, vive con y para ella, y no es egoísta; se entrega porque es parte de la biografía y el espíritu de los hombres y mujeres excepcionales.

Así que en el hombre que creció en Michoacán,  fue víctima de secuestro del cártel de los Caballeros Templarios, activista social en Estados Unidos, líder de las autodefensas comunitarias de su estado, preso político, es doctor y líder moral de los mexicanos y de si mismo, figura y símbolo de muchos y muchas que estamos cansados y hartos de la corrupción y la ineficiencia habitual de las autoridades del aparato que gobierna al país, siempre ha sabido que libertad es una palabra amplísima y solidaria, una que sonríe siempre y que lleva su raíz en la utopía, en el sueño posible y que está tatuada en el corazón y se anuncia descarada en el pecho abierto de algunos afortunados que como él se atreven a no temer o en el menos afortunado de los casos a sublimar el terror, trascenderlo y hacerlo arma invencible para bien de todos y todas, y entonces saber que aún bajo llave y encerrados, detrás del muro en que se pretendió borrar su causa, siempre se escucha y escuchará el coro de un canto audaz, firme y seguro que puede tener mil nombres y siempre se convierte y es también el suyo.

Y no es ni un sueño, ni tampoco una utopía como algunos la definen; es posible que el ideal para muchos irrealizable en el momento en que se concibe, sea como José Manuel Mireles Valverde, ignorante de la noción de prisa que nos pretenden imponer sobre el tiempo, porque para la libertad la hora es permanente y eterna, justa y certera; el Doctor lo ha sabido en todo instante, y seguramente, no me cabe duda, en unos días cuando llegue a casa, siga fuerte y entero de forma diferente, pero libre como lo ha sido desde sus primeros días, y con la luz en la mirada que lo define siempre.

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