Por: Xláj opinari deportivo

Resultó que el equipo mexicano decidió jugar un mal partido. “A Nueva Zelanda nos los comemos de un bocado”. “Vamos a hacer nueve cambios y así les ganamos como hace cuatro años”…

Imagen: La Quinta del Fútbol

Pos no. Los muchachos de Nueva Zelanda se lo tomaron en serio y jugaron sin complejos ante el desconcierto mexicano. Si “San” Talavera no sale inspirado y evita tres claros goles, el partido terminaba en tragedia.

Simple y sencillo, Osorio se equivocó. Como atenuante, se pudiera argumentar que la lesión de Salcedo rompió el esquema que el colombiano había trazado en su cabeza, el sudamericano ha dado sobradas muestras de saber dirigir y no se puede juzgar su trabajo por este partido.

Los neozelandeses se fueron adelante en el marcador en una jugada fortuita. Araujo se equivocó (que mal partido jugó el central) en su despeje y el balón le cayó a Woods, que no la desaprovechó. 1-0. Si este jugador fuese más inteligente e inclusive “canchero”, hubiese anotado dos más, cuando menos.

El descanso después de los primeros 45 minutos fue bienvenido por México. Juan Carlos Osorio aprovechó para cambiarle el “chip” a su escuadra y echo mano de su jugador favorito, el mediocampista del Porto, Héctor Herrera, quien de inmediato le cambió la cara al equipo y México jugó sus mejores minutos del encuentro. Aquino salió a jugar, como aquel jugador desequilibrante que se fue a España con el Villareal e hizo de la banda izquierda una autopista y desde ahí fraguó los dos goles que evitaron el ridículo.

En las dos anotaciones desbordó fácilmente a su adversario. En la primera de las ocasiones, pasó el balón a Marco Fabián que la acomodó para Raúl Jiménez, quien giró sobre su propio eje y con potente disparo venció al arquero que llegó a tocar la pelota, pero ante la potencia del disparo de Raúl, se le doblaron las manos y llegó el ansiado empate ¡uffff!

Contrario a lo esperado el gol no desanimó a los contrarios, los de Oceanía crearon varias ocasiones sin jugar un gran fútbol. Ahí fue cuando se agigantó el portero del Toluca y salvó a los mexicanos.

Los minutos transcurrían sin que se logrará el ansiado gol de la diferencia, hasta que, después de otro gran desborde, con “túnel” incluido de Javier Aquino, que llegó hasta la raya del fondo y centró para Oribe. Peralta no pensó, simplemente reaccionó y se impulsó hacia el frente, una jugada que habrá practicado desde que era niño en su natal Torreón e hizo contacto con el balón con la parte interna del zapato. La pelota rozó el poste y fue al encuentro de la red. Siempre Oribe, como lo hizo en Londres, en 2012, ante el Brasil de Neymar y Hulk para ganar el inédito oro olímpico. Sin complejos, como solo Oribe sabe hacerlo.

Los minutos finales del juego fueron de zozobra. Tiro al larguero de Nueva Zelanda que merecía más, bronca fuerte donde los paisanos se plantaron sin amilanarse a pesar de la diferencia en talla. Bien por esa muestra de carácter.

El conato de pleito puso en evidencia las deficiencias del VAR, el sistema que revisa las jugadas dudosas, pero que no ha sido usado con la presteza necesaria para mostrar las equivocaciones arbitrales.

Como anécdota, dos mexicanos fueron expulsados de las gradas por desobedecer la petición de no realizar el grito homofóbico que FIFA ha prometido erradicar. Ehhhh….

 

 

 

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