LNR.- Las calificadoras internacionales se han manifestado de forma unánime en contra de la visión política del nuevo Gobierno de México y sobre todo por el papel neutral que ha manifestado la Cancillería en relación a la crisis política en Venezuela ante el asedio de los Estados Unidos.

A finales del mes de enero de este año, a menos de 60 días del nuevo Gobierno en funciones, y Fitch impuso su visión sobre los cambios en materia económica y energética de Andrés Manuel López Obrador: bajó la calificación de Pemex y llamó “insolvente” a la paraestatal según información de LPO.

Además, la calificadora degradó a Petróleos Mexicanos de BBB+ a BBB-, en medio de las advertencia de Poncho Romo en Palacio Nacional y el optimismo de Octavio Romero frente a diputados en San Lázaro. En un análisis similar, Moody’s dejó ver su visión sobre el gobierno de López Obrador a través de un trilema: rescatar a Pemex, mantener la responsabilidad fiscal o ejecutar su agenda de desarrollo con gastos sociales y de inversión. Para la agencia calificadora, la 4T no podrá atender todas. 

Esta tarde, otra señal del mercado se hizo público el análisis de Standard & Poors , mismo que modificó la calificación soberana en moneda extranjera de largo y corto plazo de ‘BBB+’ y ‘A-2’, y en moneda local de ‘A-‘ y ‘A-2’, respectivamente de México y “revisamos la perspectiva de las calificaciones de largo plazo a negativa de estable”.

“Esperamos que la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador implemente políticas económicas pragmáticas que balanceen las prioridades sociales con la necesidad de mantener estabilidad macroeconómica”, refiere el informe de S&P Global Ratings.

Sin embargo, continúa la información de la agencia, el cambio en políticas públicas dirigido a reducir la participación de la iniciativa privada en el sector energético, aunado a otros eventos que han disminuido la confianza de los inversionistas, podría aumentar los pasivos contingentes del soberano y reducir el crecimiento económico.

“La perspectiva negativa refleja nuestra opinión de que los potencialmente mayores pasivos contingentes y una menor previsión de crecimiento económico podrían erosionar el perfil financiero del soberano, de tal forma que esto podría llevarnos a bajar la calificación”.

Finalmente, S&P insistió en que su evaluación de riesgo de transferencia y convertibilidad para nuestro país quedaría en ‘A+’. “El gobierno continuará brindando respaldo financiero y de otro tipo a la petrolera mexicana [Pemex]. Así, continuamos considerando que existe una probabilidad ‘casi cierta’ de respaldo extraordinario del gobierno, por lo que igualamos la calificación de Pemex con la del soberano. La combinación de un débil perfil financiero y la necesidad de tomar un rol más activo en el sector energético por parte de Pemex podría aumentar el riesgo de mayores pasivos contingentes para el soberano”.

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